Ya estamos de vuelta. El viaje fin de carrera ha llegado a su fin. Eso era algo que sabíamos, todo lo bueno se acaba. Han sido tantas las anécdotas, que muchas de ellas caerán en el olvido. Otras serán recurrentes en los próximos meses. Y las habrá que serán recordadas dentro de un tiempo, cuando hablemos de aquel viaje fin de carrera por Roma, Mykonos y Atenas, aquel viaje mítico.
La compañía no me defraudó. Los lazos ahora están más unidos y sólo espero que sigan así a pesar de lo poco que nos queda en la universidad. Aunque el sueño de vernos juntos en el plano laboral va por buen camino, aunque esto es sólo el principio.
Vuelvo encantado de Roma, baúl de historia y arte. Allí hemos sido gladiadores, observadores embobados de la Fontana di Trevi, españoles en Piazza Spagna y cristianos en el Vaticano. Hemos visto el cielo de cerca desde la cúpula de la Basílica de San Pedro, el Ara Pacis y el Castelo de San Angelo. Hemos conocido las mejores pizzas de toda Roma, el capuccino más cremoso y a Lady Montreal, que nos enseñó que puede haber fiesta cualquier día de la semana.
Mykonos nos enseñó una de sus dos caras, la tranquila. La paz está en aquella isla semidesierta de aguas cristalinas. Pero el espíritu festivo del verano mantiene su esencia también en invierno. Los españoles somos bien recibidos por aquellos lugares. Sólo hay que decir de dónde somos para escuchar la música de aquí en el paraíso de allí.
Navegamos por el Mediterráneo en mitad de una tormenta. Pero ni eso pudo evitar nuestras carcajadas con esos vendedores ambulantes que gritaban a los cuatro vientos: “Tria paketa son cinco euros” o algo así.
Terminamos el viaje en Atenas, cuna de la democracia y de la filosofía que rige nuestros días. La Acrópolis enseña su sabiduría de día y su divinidad de noche. Allí comenzó todo. Pericles, Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras… Antes de ellos, los dioses divinos. Ahora, las diosas terrenales.
Pero en la tierra olímpica también disfrutamos de los lujos de un hotel de ricos. Sauna, baño turco, jamón en el jacuzzi… Esa vida no nos corresponde, pero no ha estado mal probarla, para saber que estamos en el punto medio, en la virtud.
Seguro que se quedan cosas por contar, como también se nos quedaron cosas pendientes en los tres destinos. Por eso hemos prometido volver. A Roma lo haremos en cualquier momento que necesitemos una dosis de magia. A Atenas y Mykonos ya le hemos puesto fecha de regreso. Dentro de cinco años, en verano y con dinero. Está prometido.

Nada más ser testigo de la obra de arte de Guti me llega un mensaje: “¡Qué barbaridad!”. Nos dejó a todos sin palabras y con el corazón encogido durante unas centésimas de segundos, las que separan el éxito del fracaso, el cielo del infierno, la eternidad o el ridículo. La jugada que inventó el 14 sólo puede ser obra de un genio, capaz de olvidar su instinto racional para parir un nuevo mundo.
Que el Real Madrid gane en Riazor sería todo un acontecimiento. Somos ya una generación entera que todavía no hemos visto una victoria blanca en La Coruña. Los de la Quinta del Buitre fueron los últimos héroes que salieron vencedores de un campo que se ha vuelto maldito en los últimos 18 años.
Desde el desastre de Alcorcón, el banquillo ya no tiene secretos para Raúl. Suele salir al final de los partidos, a falta de 10 ó 15 minutos, cuando ya todo está decidido o le quedan pocas fuerzas al resto de los compañeros. Con la lesión de Higuaín, Pellegrini confió en Benzema, perdido en otros menesteres que no son los goles. El francés quiere colaborar demasiado en el juego y olvida sus funciones de punta.
Lo negativo tiene varios frentes. El más evidente es que los estadios se quedarán casi vacíos y parecerán partidos a puerta cerrada. La mayoría de la gente trabaja los lunes y también los martes, por lo que serán pocos los que estén dispuestos a ir al campo a animar a su equipo, cansados y sabiendo que al día siguiente toca madrugar. Por no hablar de la imposibilidad de las aficiones viajeras.
El Comité de Competición ya ha dado a conocer su veredicto: dos partidos de sanción para Cristiano Ronaldo. Me parece justo. Le hicieron falta y él se vengó con un manotazo. Su mala suerte fue que acabó rompiéndole la nariz a Mtiliga. La sanción también me parece necesaria, para que Cristiano Ronaldo medite sobre sus berrinches y comprenda que la vida es más dura que su mundo perfecto. No siempre puede salirse con la suya. La intención del luso no era la de lesionar al danés del Málaga, pero sí golpearlo.
Cuando llegamos al ecuador de la Liga, el Barça tiene la posibilidad de seguir los pasos de aquel Arsenal invencible. En 19 encuentros sólo ha perdido puntos en cuatro empates (Valencia, Osasuna, Athletic y Villarreal). Además, mientras firmaba una primera vuelta impoluta, ganó otros tres títulos y se clasificó con más apuros de lo esperado para los octavos de la Champions. La superioridad del Barça es abrumadora. Guardiola ha bajado el nivel de las rotaciones, práctica habitual el año pasado, y acostumbra a poner a los mejores. Más aún después de caer eliminados en la Copa del Rey.
La expulsión es indefendible y justa. Cristiano bracea hasta tres veces para deshacerse de Mtiliga. A la tercera, le rompió la nariz. Si ese codazo hubiera acabado en el pecho en lugar de en la cara, posiblemente el resultado habría sido una simple cartulina amarilla. Se castigó la puntería más que la intención, que tampoco era tan noble como se quiere hacer ver.