Julio abandona ya nuestros calendarios, lo que quiere decir que hoy completo mi primer mes de prácticas en MARCA. Y lo hago con la incertidumbre de no saber si me encuentro en el ecuador o en el primer tercio de mi periodo de prácticas. Hasta que el mes de agosto no evolucione y nos lleve a sus últimos días, no sabremos si septiembre también incluye nuestra formación.
Pero con 31 días en la redacción de MARCA, ya puedo hacer un balance sobre mis impresiones. Cuando estás dentro del meollo, la magia que se ve desde fuera no desaparece, sino que es distinta. Entras a formar parte del kit de magia, por lo que eres un elemento, una herramienta más en la inmensa cadena de personas que hacen posible el periódico. Pero sobre todo, descubres cómo funcionan todos los engranajes, quién manda y quién toma las decisiones. Y también, conoces a personas que trabajan en la sombra, que se encargan de editar las noticias que mandan los redactores que están repartidos por toda España, y esa gente no firma en el periódico.
Sin embargo, también los hay que deciden no firmar sus propias noticias y poner el nombre de algún becario. Así se lavan las manos y su conciencia, porque hay temas que dejan mucho que desear en cuanto a su correspondencia con la realidad.
Aunque nos han acogido a las mil maravillas. Los becarios somos su distracción, la inyección de motivación y juventud que les falta a los redactores fijos el resto del año. Les gusta enseñar a los jóvenes, porque así se demuestran a sí mismos la experiencia que tienen. Personalmente, he tenido charlas con redactores de la sección del Real Madrid que me han confesado secretos personales y profesionales. Aquello que no pueden decir a los jefes, nos lo dicen a nosotros. Somos una especie de confidentes, porque saben que les vamos a dar la razón. Porque la tienen, porque llevan más años que nosotros y sabes que la llevan. Y sobre todo, por el trato humano que nos dan.
Y después está el resto de becarios. Cada uno con su vida, con su camino, con su espacio. Los hay que ya han acabado la carrera, que ya han hecho varias prácticas; los hay que están a punto de terminar los estudios, que esperan compatibilizar lo que les queda con alguna beca; y luego están los que todavía se tienen que enfrentar a los exámenes universitarios durante dos años, como yo. Ahora bien, si me ofrecen seguir, me faltará tiempo para decir que sí. Ya veré cómo me organizo, pero hay trenes que no se pueden dejar pasar. De momento, para celebrar el primer mes de becarios, hoy tenemos fiesta en un céntrico garito de Madrid.
Ése es el título de la última novela que he leído. Su autora es Almudena Grandes, novelista que descubrí en mi primer año de carrera, cuando nos obligaron a leer dieciséis libros en cuatro meses para una sola asignatura. No sé si batimos un récord, pero quizás debimos interesarnos por el asunto, porque salimos a una media de más de un libro por semana.
Nos quedamos sin camisetas limpias. Ya no habrá ningún equipo de la Liga española que se salve de la publicidad en su equipación. Los colores y el escudo no son rentables, es necesario decorarla con unos millones de euros en forma de logotipo de una compañía. Da igual de qué sector forme parte, sólo importa la cantidad que aportará a las arcas del club. El 
El ataque de Sastre fue fantástico. No meteórico, pero sí constante. A la segunda logró zafarse del resto. Pedalear en busca de la gloria. Para eso tuvo que mirar para atrás. La primera vez vio a Menchov, y paró. La segunda no vio nada, ni sol ni sombra, y se fue a coronar el puerto y a vestirse con una corona amarilla. Fue épico, y con 33 años. Cuando no hay un talento joven que sobresalga, la madurez se viste de experiencia para ganar.
Pero el meollo de la cuestión es si el Madrid necesita a Eto’o. En el fútbol hay mucho rencor, y el madridismo no perdona la excéntrica celebración que tuvo Eto’o después de ganar su primera Liga. La mayoría de los aficionados blancos no quieren verle ni en pintura. Sobre todo, porque Eto’o no se calla ni en misa, así que sería su fichaje sería como tirar un petardo en mitad de un paraje tranquilo.
El Real Madrid necesita algo más que Cristiano Ronaldo. Calderón sabe que el fantasma de Kakà le persigue como si fuera su sombra, y la única manera de darle esquinazo es traer al jugador del Manchester. Eso cree él, aunque yo le propongo: ¿no sería más eficaz construir un equipo campeón de Europa? El madridismo, que es muy exigente, está ávido de celebrar la Décima. Pero el equipo lleva demostrando durante cuatro años que todavía no está preparado para reinar en Europa. Gobierna en España, pero el continente son palabras mayores.
En el centro del campo, Gago, Diarrà y De la Red cubren la retaguardia, pero el salón de los artistas flaqueará en cuanto llegue un resbalón en forma de lesión. El año pasado, la eliminación en Champions y el bache en la Liga coincidieron con la baja de Sneijder. A Robben le apodan el extremo de cristal y Guti no mantendrá un nivel muy elevado. Primero, porque nunca lo ha hecho, y segundo, porque tiene un año más. La magia de Robinho puede emigrar a Londres (donde, personalmente, creo que puede chamuscarse), así que se necesitan refuerzos. Si quieren a Van der Vaart, que lo traigan ya. La diferencia entre traerle este año o el que viene es de cinco millones de euros. ¿Van a mirar la pela cuando quieren pagar 85 millones por C. Ronaldo?

