Un año

Ya llevamos un año sin ella. Ya hace un año que él perdió a su madre, y nosotros, una parte de nuestras vidas. Fue el episodio más triste que me haya tocado a mí vivir de cerca, y ya hace un año. Un año que nos ha servido para unirnos más todavía, y mira que ya es difícil. Siempre que alguien de fuera del grupo me dice que “se os ve un grupo muy unido”, se me escapa una sonrisa de orgullo. Sí, porque tenemos un tesoro, nos tenemos los unos a los otros. Tenemos la suerte de poder contar con amigos de verdad, de esos que avanzan contigo en las experiencias de la vida. Siempre hemos hecho todo juntos. Y hace un año, lloramos juntos.

Porque aunque mi profesor de cine diga que es más difícil hacer reír que llorar, en la vida real cuesta soltar las lágrimas, mientras que una sonrisa, sincera o falsa, no requiere casi ningún esfuerzo. Y un amigo es aquel que llora contigo cuando lo pasas mal. Cuando las lágrimas salen de dentro, cuando son sentimientos, cuando lloras sin vergüenza de que te vean llorar. Y hace un año, lloramos todos, juntos, sin podernos consolar los unos a los otros.

Ya ha pasado un año. Pero desde aquel 27 de julio, nuestro corazón reserva un espacio de dolor y de recuerdo. Nos hemos criado juntos, nuestros padres nos han visto crecer, nos han visto hacernos hombres. Por eso cada uno de los amigos y sus familias forman parte de una gran familia de amigos. Por eso nos dolió. Por eso nos sigue doliendo. Pero un año después, me congratula ver que él ha heredado la sonrisa y la felicidad, los signos característicos perpetuos de ella.

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