Termina el partido…
… y empieza el estrés. Son las 12 de la noche. Acaba de terminar el partido Valencia-Real Madrid de la Supercopa, y la redacción de MARCA alcanza el máximo de revoluciones para cerrar el periódico a tiempo. A partir de ese momento, los que quedamos en el periódico tenemos una misión. Cada uno tiene que desempeñarla bien para que el resultado sea el mejor para los lectores.
Hay que rellenar seis páginas con el partido. Dos de crónicas y fotos, dos con las reacciones de los protagonistas, y otras dos con temas derivados del partido. Vamos. Llama el enviado especial a Valencia. Mandará la crónica en unos minutos. Llegan los de maquetación para ver cómo quieren las páginas. Así, así y así. OK. Llega la crónica. Uno se encarga de meterla, cortarla y titularla. Me llegan las primeras páginas. Corrijo y palante.
Llama el corresponsal en Valencia. Le pasan a un becario y le canta lo que han dicho los entrenadores en la rueda de prensa. Me llegan más páginas. Sobre Villa y Robinho. Uno que se luce y el otro que se apaga. Aparece el director por nuestro sitio para poner orden y énfasis en la portada. Pide la puntuación y exige cambios. Vuelven a llamar desde Valencia. Tenemos declaraciones de los futbolistas. A escribir y a imprimir. Las leo y les damos el visto bueno.
Ya queda poco. Puntúan a los jugadores (“¡un uno a Raúl, pero si no ha hecho nada!” o “Casillas ha cantado en el segundo y en el tercero, no podemos darle un dos”). Llegan las últimas páginas. Me doy cuenta de que a Javi García y a Diarrà le han cambiado el nombre por Garay. A Salgado le cambian de comunidad y le llaman cántabro. Menos mal. Hay risas aliviadas por encontrar los fallos a tiempo. A la 1.20, una hora y veinte minutos después de empezar a trabajar a todo trapo, por fin te dicen: “Campeón, ya no hay más, te puedes ir”. Y ese “campeón” hace que te sientas como el mismísimo Nadal después de ganar un oro olímpico.