Mi clausura de Pekín 2008
Con todo este ajetreo del mercado de fichajes, me había olvidado de realizar mi particular clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Ya veis, en cuanto asoma un pelín la cabeza el deporte rey, lo demás queda relegado a un segundo plano, para cuando quede un momento libre. Siempre fue así y lo seguirá siendo.
¿Qué nota le podemos poner a estos Juegos? Globalmente, es decir, si contamos la organización y la calidad y la cantidad de hazañas deportivas, creo que un 9 es la nota adecuada. El 10, que supone la perfección, es muy difícil de conseguir, a pesar de que éstos son por el momento los mejores Juegos de la historia.
¿Y qué hay de España? La delegación de nuestro país se merece un 7. Un notable. 18 medallas es un buen bagaje de metales, pero se quedaron en el limbo muchas de las que considerábamos seguras. Y tuvimos hasta siete cuartos puestos, por lo que si contaran las medallas de chocolate, habríamos alcanzado la mágica cifra de 25 preseas.
Durante el fin de semana, los españoles consiguieron remontar alguna posición en el medallero gracias al oro del K2, las platas del hockey, David Cal y el baloncesto y el bronce de los chicos del balonmano. La de oro en piragüismo fue inesperada y la plata de Cal nos supo a poco, ya que aspiraba a dos oros y se quedó con dos platas.

El hockey volvió a perder contra Alemania por 1-0, como en la fase de grupos. ¡Qué mala pata! ¡Y qué forma de llorar! Pero los alemanes nos devolvieron nuestra victoria en la Eurocopa de fútbol, aunque con un estilo diferente. Ellos se encerraron atrás, mientras que nuestros jugones buscaron el segundo. En cuanto a los chicos del balonmano, ¡qué huevos tienen! Perdonad la expresión, pero no se me ocurre otra para calificar a este grupo, que callaron las bocas de quienes no creían en ellos.
Y acabaron los Juegos con el mejor broche posible, una espléndida final entre Estados Unidos y España. La final soñada, el resultado esperado pero con no el merecido. La ÑBA plantó cara y mereció ganar, pero con el equipo que habían traído los estadounidenses, hubiese sido un escándalo para el baloncesto mundial, y no era plan. Por eso les permitían dar tantos pasos sin botar el balón.
Lo que tampoco me gustó fue que todo el mundo considerara que no fue una medalla de plata, sino de oro blanco. De eso nada. Tuvimos el partido muy cerca y perdimos, porque las estrellas de la NBA tiran del carro y no les tiembla el pulso a la hora de encestar. Las lágrimas de Navarro reflejan la realidad. Lo tuvimos tan cerca que casi ganamos. Pero perdimos. Ahora bien, a esta generación le queda cuerda para rato, que nadie piense que habrá desbandada.
Y colorín colorado, los Juegos de Pekín se han acabado. Pasarán a la historia por ver a Phelps convertirse en el hombre-pez, a Bolt batir dos récords y dejar enanos a quien corre a su lado, a Yelena Isinbayeva volar hasta el cielo y a Rafa Nadal relevar al mejor tenista de la historia. De entre las cuatro estrellas de estos Juegos, uno es español. Gracias a todos por brindarnos 16 días de espectáculo y quitarnos horas de sueño. Estáis perdonados.
Septiembre 28, 2008 a 3:32 am
si pero falto hacer incapié en lo que considero fué lo mejor de los juegos, es que por vez primera desde la antigua Union Sovieta (equipo unificado) EE.UU no perdía unos juegos Olímpicos, las palabras sobran como cita un antíguo refrán chino “El Mundo se hace pequeño mientras China crece”…..