Hay una canción de Pereza, Princesas, que me viene a la memoria a menudo, sobre todo por esta estrofa:
“Sigo flipando cuando veo mi cara en el As,
últimamente las cosas cambian cada vez más,
a veces pienso que algo malo viene detrás”
Pues sólo hay que cambiar el As por el Marca y yo soy el protagonista de la historia. Ayer empezaba mi nuevo turno de becario, cinco horas después de estar seis en la uni, de donde salía a las 3. A las 4 debía estar en la redacción… pero el hombre propone y Dios dispone. Comenzaba mi nueva etapa con ilusión, pero en el traslado desde la universidad hasta el trabajo… ¡zas! Un despistado se olvida de pisar el freno y mi coche sirve para parar el suyo.
En ese momento, me encuentro en mitad de un sandwich con el coche de delante. Los tres vehículos no tienen más que chapa y pintura, pero el mío por más sitios. Uno está tan tranquilo esperando a que pasen los peatones por el paso de cebra y de repente se sumerge en un sueño, como flotando, y los cristales del faro roto parecen diamantes falsos.
En fin, cuando uno más necesita algo material, el coche, más se complican las cosas. Pero mientras que no haya daños personales hay que seguir dando gracias a Dios y no más. No quiero acabar sin mencionar la importancia del cinturón de seguridad. El golpe me abalanzó hacia delante, pero no llegué a darme con el volante. Fue un golpazo, y eso que yo estaba parado y el otro coche no vendría a más de 40 km/h. No quiero ni pensar qué puede pasar en un accidente a una velocidad mayor. El que no se ponga el cinturón merece que le retiremos la palabra.






