Ver jugar a la selección española es una bendición. Sobre todo para aquellos que en los últimos fines de semana tenemos que aguantar el juego defensivo y ramplón de nuestro equipo. Y porque a día de hoy es el mejor equipo del mundo, por encima del resto de selecciones y también de los clubes. Gracias a ese centro del campo lleno de bajitos habilidosos mantenemos la posesión de la pelota hasta abrir el hueco. Y quien domina el centro del campo suele ganar. Así me lo enseñaron a mí.
Ojalá pudiéramos acabar hoy mismo la Liga para jugar la Copa Confederaciones y seguidamente el Mundial. “España es lo primero”, decía Raúl el otro día. Pues sí, porque esas camisetas rojas nos unen a todos, sin distinción. Tras el brillante éxito en la Eurocopa, en los que pocos creían por las grandes desilusiones que había detrás, ahora ya pensamos en el Mundial.
Hay que ser humildes, pues ésa fue la base del triunfo en Austria y Suiza. Y creo que los jugadores mantienen los pies en el suelo, ya que van a la selección a disfrutar, no a envanidarse. Si sigue ese espíritu, podemos soñar con conquistar el mundo. Pero siempre desde la humildad, pues cualquiera puede tener un buen día y ganarnos. Como dijo Matías Prats hace un par de días: “Parece ser que los que me rodean tienen más confianza en mí que yo mismo”. Humildad para triunfar.
