Nada ni nadie ha podido con él. Ya está. Alberto Contador ha ganado su segundo Tour de Francia, su cuarta gran vuelta. La gloria de París le ha coronado por encima del capo del pelotón, Lance Armstrong, que creyó seguir siendo el dueño tras tres años de ausencia. Lo peor de todo fue que quien debía proteger a Contador confió demasiado en el texano, y el pistolero de Pinto se fue en solitario hacia el triunfo.
Tras la tensión de las dos primeras semanas, Alberto cerró la guerra psicológica de Armstrong, Bruyneel y compañía con una exhibición de montaña en Verbier. “El líder soy yo”, decía en cada pedalada. Enfundado en el amarillo, todo fue más simple sobre la carretera, aunque no en la convivencia con el equipo. “La etapa más difícil la he vivido en los hoteles”, declaró Contador con el Tour ya en la mano.
La presión de Lance Armstrong ha llegado demasiado lejos. Debió reconocer desde un primer momento que el líder era Alberto. Como buen ganador, esperó a que se lo demostrara en carrera. Cuando se enseñaron las cartas, el americano comprendió que jamás podría con el español. Ahora bien, hay que quitarse el sombrero con el podio de Armstrong. Es digno de admiración, y nosotros debemos demostrarle que sabemos ganar y reconocer su resultado.
Alberto y Lance son incompatibles. Se han hartado de decirlo y el año que viene lucharán en diferentes equipos por el triunfo final. Contador debería dejar Astaná y firmar un contrato con él como epicentro. Sólo así se evitará el desgaste psicológico que ha sufrido este año. Pero ya está conseguido, ya nadie se lo puede quitar.
El ganador del Tour se ha acordado de su pueblo nada más bajarse de la bicicleta. No olvida sus orígenes, por muy rey del ciclismo que sea en estos momentos. Es un chico sencillo, de Pinto. Y eso nos gusta a sus paisanos y nos enorgullece. Por eso ya le esperamos con los brazos abiertos para celebrar juntos este gran logro.
P.D: Lamentable la organización del Tour, que hizo sonar el himno danés en lugar del español. Alberto ha aguantado respetuosamente, pero después le ha dicho a los responsables que él quería escuchar la Marcha Real. Al final, lo han subsanado con una chapuza. Es comprensible que a los franceses les queme ver cómo en los últimos cuatro años han ganado españoles en su casa. Pues seguirán mordiéndose la lengua, porque como Nadal en Roland Garros, parece que Contador quiere hacerse dueño y señor de los Campos Eliseos. ¡Felicidades, campeón!








