Sale el sol

Confirmado: lo de Lyon fue un nubarrón. Las críticas arreciaron tras perder en Champions, pero el Real Madrid (y Pellegrini) las ha callado con dos goleadas en Liga. Empieza a salir el sol en el Bernabéu. Los dos próximos partidos (Sevilla y Olympique) traerán la primavera o prolongarán el frío invierno.

En Tenerife, los blancos demostraron que las maldiciones son para los periodistas y la afición. Las buenas noticias se acumularon en el Heliodoro Rodríguez López. Higuaín sigue demostrando sus progresos y ya roza el sobresaliente. Con los dos goles de ayer, lleva 16 y está en posición de luchar por el Pichichi.

También se van las nubes que hay sobre la cabeza de Kaká. Al brasileño todavía le queda para llegar al nivel que se le espera, pero muestra mejoría. Y se está abonando al gol. Como Cristiano, que en Tenerife marcó de penalti sin que nadie se atreviera a chistarle.

Para redondear un día perfecto, Raúl volvió a marcar cuatro meses después (los que lleva sin jugar de titular). Fue un gol de los suyos de toda la vida. Desmarque al primer palo, anticipándose a la defensa rival. Su mente sigue yendo más rápido que la de los demás. El capitán ya es el tercer máximo goleador histórico de la Liga (227 goles) y el tercer jugador que más partidos ha disputado (542). Insisto: se valorará su obra cuando lo deje. Entonces el sol brillará menos.

Eran otros tiempos

Por muchos años que pasen, en la memoria del madridismo siempre estará el mismo recuerdo. Cada vez que el Madrid viaje a Tenerife, volverá el fantasma de las dos Ligas consecutivas que el club blanco perdió a principios de los 90 en el Heliodoro Rodríguez López. Ambas, en la última jornada.

En la 91/92, el Real Madrid se dejó remontar un 0-2. El gol que culminó la catástrofe fue el más ridículo de la historia del club de Chamartín. Los madridistas todavía siguen sin entender por qué Buyo hizo aquello. Él dice que fue el sol. Ya da igual. Al año siguiente se repitió la historia. El Madrid perdió 2-0 y la Liga volvió a volar a Barcelona.

Desde entonces, ha habido de todo. Victorias locales, empates y también triunfos blancos. La última vez que el Real Madrid viajó a la isla maldita, volvió con los tres puntos gracias a los goles de Helguera y Figo. Pero si hay algo que merece la pena destacar de aquellos años posteriores a la doble debacle es el gol de Roberto Carlos, uno de los mejores que he visto en mis 22 años.

De las Ligas de Tenerife y de este gol del antiguo ’3′ madridista ha pasado un puñado de años. Los actuales jugadores de ambos equipos sabrán de aquello por lo que han leído estos días en los periódicos. Las maldiciones son encantadoras pero pierden el sentido con el paso de los años. Eran otros tiempos.

Nada que objetar

Siempre se ha dicho que cada español tiene su propia Selección. A día de hoy, saldrían más de 45 millones de posibilidades. Pero la que ha dado Del Bosque este viernes, la última antes del Mundial, es la más coherente. No hay nada que objetar.

El bloque está definido, si es que no lo están los 23. La plaza más inestable es la de Negredo. El delantero madrileño es el elegido por el momento, aunque Fernando Llorente también tiene opciones; le quedan tres meses para intentar entrar en el selecto grupo.

El resto parecen fijos, salvo lesiones o bajones de forma estrepitosos. El tercer portero será Diego López, aunque yo no descartaría a Palop. Ya fue a la Eurocopa a última hora y dejó buen recuerdo entre todos sus compañeros. Puso su veteranía al servicio del equipo. Y este año todo son elogios a su excepcional temporada.

Además, me agrada que vaya Güiza. Yo  he sido muy crítico con él en último año y medio, porque creo que su rendimiento está por debajo de su talento. Pero es necesario en esta Selección. Es un delantero diferente a todos los demás, ideal para entrar en las segundas partes y aprovechar huecos. Como en aquel gol que le marcó a Rusia en la semifinal de la Eurocopa. Ojalá nos dé el mismo resultado.

Producto nacional

Empieza a sonar Jesús Navas para el Real Madrid. Si alguien del club deja salir algún elogio, tendremos un largo culebrón para el verano. Ya le han preguntado a Sergio Ramos, y el ex sevillista lo tiene claro: “Si tengo que elegir entre él y Ribéry, me quedo con Navas”. Yo también.

La calidad del francés está fuera de toda duda, pero al de Los Palacios se le ve algo especial desde que debutó en Primera (noviembre de 2003) con 18 años recién cumplidos. Su desborde, su velocidad y su descaro le han acompañado durante estos seis años. Pero también un lastre: sus crisis de ansiedad.

No era capaz de aguantar largas concentraciones. En cada pretemporada tenía que volverse a casa porque echaba de menos su hogar. La familia era (y es) lo más importante para él. Eso es admirable en un jugador de élite. Ahora ya ha asumido que a veces tiene que separarse de los suyos por viajes y concentraciones sin que le cueste la salud. Ha madurado.

Esa madurez le ha llevado a la Selección española. Está cuajando un gran año en el Sevilla y el Madrid empieza a plantearse su fichaje en lugar de Ribéry. Convence a todos. Es un gran jugador, humilde y español. Producto nacional, que es lo que hace falta.

Schuster recupera el habla

Cuando era entrenador del Real Madrid, Bernd Schuster salía a las ruedas de prensa con mala cara y las intentaba acabar cuanto antes. “No voy a contestar eso” o “no hace falta decir nada más” eran expresiones recurrentes en el alemán. También el derrotismo era parte de su discurso. Antes de ir al Camp Nou en diciembre de 2008 dijo que era “imposible” ganar allí. Dos días después fue despedido.

En los últimos tiempos había sido noticia por querer comprar el Xerez (falso) y por recuperar las ganas de hablar sobre el Madrid. Hace poco más de un mes dijo que “Raúl debería cambiar de aires para acabar su carrera como merece”. Es un razonamiento comprensible. El capitán no está jugando demasiado y su ex entrenador le aconseja marcharse a otro equipo para “disfrutar”.

Como los halagos no venden tanto como las puñaladas, ahora Schuster se apunta a éstas. Pero lo hace por la espalda, en lugar de ser valiente y hablar claro. Dice que “en el vestuario del Madrid había gente que no quería a Villa”. Cuando le preguntan si Raúl era uno de ellos, se limita a responder: “Tengo una tos, que no veas”. Y tose. Porque si se tragara ese aire se envenenaría.

Ya hace más de un año que Schuster dejó de entrenar al Real Madrid. Como no tiene ofertas, saca las cacerolas para hacer ruido y ver si algún presidente desesperado se acuerda de él. Si se da el caso, que no esperen elegancia en su lugar de destino.

Europa exige más

El Barça ya jugó bastante mal contra el Racing, a pesar de la goleada (4-0). Hasta Johan Cruyff, voz autorizada en el tema culé, dijo que fue el peor partido de la era Guardiola. En Stuttgart no mejoró esa versión ramplona y comprobamos que Europa exige más que la Liga española.

El Barça se hizo con el control del balón, pero los alemanes presionaban y corrían a un ritmo que pocos podían esperar. El Stuttgart está discreto este año, va noveno en la Bundesliga, pero contra el campeón de Europa mostró su mejor cara. Veloces en cada contra, hacían temblar al aficionado culé cada vez que rondaban la portería de Valdés.

Al descanso, 1-0. Pero pudo ser mucho peor. El árbitro, el holandés Kuipers, no consideró voluntaria una mano de Gerard Piqué en el área y no vio un empujón de Márquez a Gebhart. Tras el gol del empate, el Barça también reclamó una pena máxima por mano, aunque vino precedida de una de Ibrahimovic.

El delantero sueco arregló el problema en un balón que le bajó Piqué. El central había subido a rematar un córner y se quedó por allí, oportunamente, para intervenir en el gol. Una jugada aislada que despertó al Barça de su neblina particular y que permite al campeón mantener intactas sus aspiraciones. Eso es lo mejor que se puede rescatar de una noche mate.

Cristiano es el todo

Ha firmado grandes actuaciones desde que llegó, pero contra el Villarreal protagonizó su gran obra maestra vestido de blanco. Inició la goleada con un misil y capitaneó a los suyos hasta la victoria final por 6-2. Cuando está en el campo, Cristiano Ronaldo es el todo en el Real Madrid.

En estos seis meses ha recibido algunas críticas por su carácter individualista. Y hasta eso lo ha superado ya. Marcó el primero, dio el tercero, inició la jugada del cuarto, regaló el quinto y provocó el penalti del sexto. Todo lo que pasaba en el ataque del Real Madrid acababa en las botas amarillas del portugués, que demostró su solidaridad con su ciudad natal, Madeira, a la que dedicó su gol.

Además, Cristiano tuvo otra misión: recuperar a Kaká. Le dejó tirar el penalti y le puso en bandeja el quinto, para que el brasileño se sienta importante. Ronaldo se alegró más por esos goles que por los suyos propios. Pero los dos tantos de Kaká no escondieron su discreto partido. Hasta fue silbado en algunos momentos. Luego, en el cambio y con su segundo gol recién marcado, se impusieron los aplausos.

Por su parte, Manuel Pellegrini superó el supuesto juicio del partido contra el Villarreal tras la derrota en Lyon. El chileno apostó por el mismo equipo de la Champions, cambiando el nombre de pila de Diarrá. Fue la única variación, porque el esquema táctico fue idéntico. Éste es el que más le ha funcionado y por él está apostando. Luego son los jugadores los que marcan los goles. El martes no lo hicieron y el domingo sí. De ahí el 6-2.

Del 1 al 100

El 13 de agosto de 2008, Pep Guardiola dirigió su primer partido como entrenador del Barcelona. Fue ante el Wisla de Cracovia, en la previa de la Champions. El rival no era significativo, pero el marcador sí: 4-0. Se estaba fraguando un Barça histórico.

Con el comienzo de la Liga, vinieron semanas de nerviosismo en Can Barça. La derrota en Soria (1-0 contra el Numancia) eclipsó el buen juego mostrado. Ocurrió lo mismo con el empate del Racing de Santander en el Camp Nou. Las dudas sobre Guardiola, que empezaban a cobrar fuerza, se disiparon con el 1-6 de Gijón. Ahí comenzó la escalada hacia el éxito.

Ayer, Pep Guardiola cumplió su partido número 100 como máximo guía culé. Y lo hizo con el mismo resultado de su debut: 4-0 en casa. En este centenar de encuentros oficiales, el Barcelona se convirtió en el equipo de las seis copas y Pep en el mejor entrenador de la historia del Barça. Al menos, en una temporada.

Los números de Guardiola son inapelables: 71 victorias, 19 empates y sólo 10 derrotas. Pero más que las estadísticas, lo que destaca del Pep Team es su juego, el estilo de la excelencia, del toque, de la cantera, del todo ganado y todo por ganar. Han sido los 18 meses más gloriosos de la historia del Barça. Se lo deben todo a Pep Guardiola, un hombre centenario.

Ambiente enrarecido

Tras la derrota en Lyon, el ambiente que rodea al Real Madrid se ha enrarecido de manera peligrosa. El aluvión de críticas hacia el paraguas de Pellegrini ha encontrado respuesta en el entrenador, que debería abstraerse de todo lo que se comente en los medios si no quiere perder la cabeza (en sentido literal y figurado).

Primero, declaró que su proyecto era el mejor de los últimos quince años. Eso, mal tomado, es menospreciar a todos los equipos del Real Madrid desde 1995. Las críticas fueron a más. Ahora, el chileno dice que “si no ganamos la Liga o la Champions no nos podremos comparar con ningún equipo del Real Madrid que haya ganado una de estas competiciones”. Obvio.

También dice el entrenador del Real Madrid que acepta las críticas “pero no la mala fe y los insultos”. Obvio también. Sin embargo, Pellegrini empieza a entrar a un trapo que antes rechazaba. Ya no se muestra tan firme y eso es preocupante. Se me ocurre que quizá haya recibido un toque de la directiva y los nervios le llevan a embarcarse en los debates de la prensa.

Todo esto es la consecuencia de la mentalidad cortoplacista del fútbol. La semana comenzó bien, con el Madrid a dos puntos del Barça, pero se torció en Lyon. Desde entonces, críticas, dudas y debates. El mejor remedio para que vuelva la paz es ganar al Villarreal con una buena imagen. De lo contrario, prepárense para siete días de fuego a discreción.

En defensa de Pellegrini

No soy el mayor admirador de Manuel Pellegrini. Tampoco estoy en el top 100 de sus seguidores, pero algunas críticas hacia el chileno son desproporcionadas. Lo peor es que apunta a él lo que debería salpicar a los jugadores, poco criticados cuando pierden y muy alabados cuando ganan.

De la derrota en Lyon, Pellegrini tuvo su parcela de culpa, pero los principales responsables fueron los futbolistas. ¿Cuántos errores cometió el entrenador? Dos. ¿Cuáles? Poner a Marcelo de lateral izquierdo y alinear a Diarrá. ¿Por qué? Marcelo no es un jugador válido para el Real Madrid (¿por qué le van a renovar?) y si tiene que jugar, debe hacerlo de interior, donde el caos que protagoniza puede ser un arma de despiste para los rivales. En cuanto a lo de Diarrá, Pellegrini le dio la titularidad al malí cuando llevaba dos meses sin salir de inicio. Si tenía tan claro que iba a jugar en Lyon, ¿por qué no lo alineó también contra el Xerez para ir ensayando?

Aunque, siendo sincero, que juegue un Diarrá u otro (Lass) no debe afectar demasiado al resultado del equipo. Más problema que Mahamadou fue Kaká, lento como el que más e incapaz de desbordar al lateral derecho del Olympique, Reveilliere. O Xabi Alonso, que no se atreve a tomar el liderazgo de un equipo que se lo ofrece. O Granero, desaparecido todo el partido. O Higuaín, desacertado en la única oportunidad que propició. O la defensa, pasiva en el gol de Makoun.

Desde el entrenador hasta los jugadores. Fallaron todos. Ahora tienen tres partidos de Liga y la vuelta contra el Olympique para corregir sus errores. Todos.