Ha sido el protagonista amable de la jornada. Su partidazo en el Camp Nou (incluye un penalti parado a Messi en el tiempo de descuento) le ha llevado a las portadas y le ha convertido en un héroe del sevillismo. Nadie lo hubiese imaginado hace tres años, cuando un canterano tardío llamado Javi Varas debutaba en Primera con 26 años.
Pasó un par de años siendo el suplente de Palop. Pero la temporada pasada cambió su vida. Aprovechó la lesión del veterano Andrés para demostrar su talento y ya no abandonó su lugar como guardameta titular de Nervión.
En una entrevista de mi compañero Leandro Iglesias en La Sexta, Javi reconocía que para él era “un regalo de Dios”. Y relataba con emoción: “He jugado cientos de partidos en campos de tierra. Me he arrastrado por campos de albero. He visto a mi madre quitar el barro de mi chándal en la bañera… ¿Qué más puedo pedir? Ahora estoy viviendo un sueño”.
Es el sueño de un luchador, de un chaval que no se desesperó, que no arrojó la toalla a pesar del paso del tiempo. Es el sueño de quien quería ser el portero del Sevilla. Es el sueño de quien el sábado paró un penalti al mejor jugador del mundo en el descuento. Es el sueño de Javi Varas. Y lo está cumpliendo.
