El aficionado al fútbol se enfada cuando aparece la injusticia, cuando un equipo merece ganar y pierde, cuando el esfuerzo y el buen hacer quedan sin premio. Por eso mismo, el verdadero aficionado al fútbol debe estar contento por el triunfo azulgrana en el Clásico. A día de hoy, es mejor que ningún otro equipo y es justo que gane títulos.
La superioridad del Barcelona es tan evidente que no le hace falta esforzarse al máximo en la casa de su mayor enemigo y aspirante al título. Serios en defensa, un Xavi inspirado y Messi fueron suficiente para tumbar al Madrid de Pellegrini, que cada día tiene más claro que no seguirá el año que viene en ese banquillo que tanto quema.
Cabía la duda de cómo iba a plantear el Madrid el partido. Si iba a intentar quitarle el balón al Barça o esperar al contraataque. Noventa minutos después es difícil llegar a una conclusión. Ni una cosa ni la otra, no había plan y tampoco improvisación. No hubo nada.
El Barça se guarda media Liga en el bolsillo, pues tendría que fallar en dos de los siete partidos que quedan y que el Madrid acierte todo. Además, los de Guardiola amenazan con volver al Bernabéu en poco más de un mes. El 22 de mayo. Es lo justo. Por ser el mejor.
Lo más fácil es acusar al entrenador, gallotinar la cabeza visible y mantener intacto el resto de la corte. Sin embargo, los madridistas no quieren tomar ese camino. Entre otras cosas, porque en los últimos tiempos se ha comprobado que esa ruta vuelve al punto de origen. Seis entrenadores distintos, seis eliminaciones iguales.
Pero hoy es mejor centrarse en la eliminatoria contra el Lyon. El resultado de la ida era de los peores imaginables, aunque algunos lo dieron por bueno. Sólo había que ganar por dos goles. Sí, sólo había que vencer por dos goles a un equipo que sólo había recibido 4 en 7 partidos de Champions, ninguno en los últimos 6 partidos y que no había perdido desde diciembre.
El otro día me contaron una frase que solía decir Rivaldo: “La primera vez acepto lo que me ofrecen. El resto me lo gano en el campo”. Siguiendo está admirable lógica, Higuaín merece cobrar bastante más de lo que percibe actualmente. Se habla de muchas cifras, pero éstas son las reales: el argentino cobra 1,5 millones de euros por temporada y el club le ofrece 2,5 para certificar la mejora de contrato.
El equipo de Pellegrini acumuló fallos garrafales. Se equivocó en no aguantar el balón y cederlo antes de tiempo al Olympique. No abrió el campo, se cegó en buscar opciones por el centro y la defensa gala supo cerrar esos huecos, que son los más fáciles de tapar. Los blancos también cedieron demasiadas faltas cerca del área que bien pudieron suponer algún gol más.
El Comité de Competición ya ha dado a conocer su veredicto: dos partidos de sanción para Cristiano Ronaldo. Me parece justo. Le hicieron falta y él se vengó con un manotazo. Su mala suerte fue que acabó rompiéndole la nariz a Mtiliga. La sanción también me parece necesaria, para que Cristiano Ronaldo medite sobre sus berrinches y comprenda que la vida es más dura que su mundo perfecto. No siempre puede salirse con la suya. La intención del luso no era la de lesionar al danés del Málaga, pero sí golpearlo.
La expulsión es indefendible y justa. Cristiano bracea hasta tres veces para deshacerse de Mtiliga. A la tercera, le rompió la nariz. Si ese codazo hubiera acabado en el pecho en lugar de en la cara, posiblemente el resultado habría sido una simple cartulina amarilla. Se castigó la puntería más que la intención, que tampoco era tan noble como se quiere hacer ver.