Perdimos

Yo ya dije que estaba seguro de que los Juegos irían a Río, pero ésa no es la cuestión. Después de varios con esa certeza, ayer me vino la corazonada. Desde que me levanté empecé a soñar con cubrir unos Juegos Olímpicos en la ciudad donde nací, en la capital de España, en la metrópoli de todos.

Me vine arriba. Puede que sí. Seguí por Internet las presentaciones del resto de candidaturas y me pegué al televisor durante una hora para ver cómo nuestros representantes bordaban su actuación. Estuvieron genial todos, cada uno apuntando a un determinado tema. Especialmente emotivo fue ver a Samaranch diciendo: “Estoy en el final de mis días… Os pido, compañeros, que le déis los Juegos a mi país”. Sublime.

Quizá por eso llegamos a la final y dejamos K.O. a Chicago (sorprendente) y a Tokio. Pero la famosa rotación de continentes, como luego reconocieron algunos miembros del COI, nos llevó a la derrota. Río y Madrid merecían ganar, pero como eso no podía ser, Lula se llevó el gato a Brasil.

Sudamérica merecía ya unos Juegos. La intención de universalizarlos les ha dado una oportunidad. Ahora tienen que trabajar muchísimo, porque la mayoría de las instalaciones sólo están en una maqueta.

Y sobre Madrid, hay que tomar la decisión pausadamente. Debemos esperar a ver qué otras candidaturas se presentan. Nosotros ya lo tenemos todo hecho, podemos apurar hasta el último segundo para decir que queremos optar a 2020. Y si así es, habría que machacar con el famoso lobby a los miembros del COI durante tres años y no sólo tres días.

Perdimos, sí, pero esto también nos ha unido. Ahora sólo falta que todos los españoles nos unamos para salir de la crisis. La adversidad nos hará fuertes.

P.D: Me alegro muchísimo de que Chicago fuera la primera en caer. Obama no es más que un invento del sueño americano. Ser sucesor de Bush es muy fácil, Obama tenía ganado caer bien.  Pero su carisma no es para tanto. De momento, ya le hemos desmitificado.

Yo no tengo una corazonada

Me gustaría poder decir lo contrario, pero no me sale. No creo que los Juegos Olímpicos de 2016 vayan a celebrase en Madrid. Faltan cuatro días para que se tome la decisión, por eso quiero decirlo ahora, para que nadie me tache en unos días de ser ventajista.

Mi parecer es que la ciudad olímpica será Río de Janeiro por varias razones: por la rotación de continentes (lleva siendo así durante más de cincuenta años, ¿por qué iba a cambiar ahora?), porque nunca se han celebrado unos Juegos en Sudamérica y porque fue la mejor parada en el informe de evaluación.

Hoy se ha conocido que Barack Obama irá a Copenhague para apoyar la candidatura de Chicago. Dicen los que estuvieron en Singapur para la elección de los Juegos de 2012 que las últimas 48 horas son fundamentales para arañar algunos votos. Mucho me temo que en esa labor tendrá más poder el primer presidente negro de los Estados Unidos que nuestro querido Rey. Es injusto, porque Obama, por lo menos a mí, no me ha demostrado todavía nada. De momento, no es más que un político populista y exhibicionista. Pero eso le valdrá para conseguir más votos que Madrid.

Por tanto, Madrid tiene todas las papeletas de caer en el primer corte, como ya pasó hace cuatro años. Países como Italia y Francia no nos votarán, porque ellos piensan presentarse con Roma y París para los Juegos de 2020, así que la única opción que nos queda es que Río de Janeiro sea eliminada de manera sorprendente la primera para llevarnos todos sus votos (eso sí parece que estaría garantizado).

El peor parado será Alberto Ruiz Gallardón, que inconprensiblemente ha apostado su crédito político a una sola baza. Le recriminarán que por qué no lo dejó pasar hasta los Juegos de 2020, algo que hubiese parecido más sensato. Pero las prisas por tapar la decepción (la decisión de presentarse para 2016 se tomó unos días después de la elección de Londres) no le dejaron pensar con lucidez.

La candidatura es buena, muy buena, quizás la mejor, pero esto del Olimpismo es todo política y diplomacia. En esa carrera, estamos muy retrasados. Y ahora, al contrario que en 1992, no contamos con un Juan Antonio Samaranch al frente del COI. Yo no tengo una corazonada, aunque ojalá me equivoque.

Mi clausura de Pekín 2008

Con todo este ajetreo del mercado de fichajes, me había olvidado de realizar mi particular clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Ya veis, en cuanto asoma un pelín la cabeza el deporte rey, lo demás queda relegado a un segundo plano, para cuando quede un momento libre. Siempre fue así y lo seguirá siendo.

¿Qué nota le podemos poner a estos Juegos? Globalmente, es decir, si contamos la organización y la calidad y la cantidad de hazañas deportivas, creo que un 9 es la nota adecuada. El 10, que supone la perfección, es muy difícil de conseguir, a pesar de que éstos son por el momento los mejores Juegos de la historia.

¿Y qué hay de España? La delegación de nuestro país se merece un 7. Un notable. 18 medallas es un buen bagaje de metales, pero se quedaron en el limbo muchas de las que considerábamos seguras. Y tuvimos hasta siete cuartos puestos, por lo que si contaran las medallas de chocolate, habríamos alcanzado la mágica cifra de 25 preseas.

Durante el fin de semana, los españoles consiguieron remontar alguna posición en el medallero gracias al oro del K2, las platas del hockey, David Cal y el baloncesto y el bronce de los chicos del balonmano. La de oro en piragüismo fue inesperada y la plata de Cal nos supo a poco, ya que aspiraba a dos oros y se quedó con dos platas.

El hockey volvió a perder contra Alemania por 1-0, como en la fase de grupos. ¡Qué mala pata! ¡Y qué forma de llorar! Pero los alemanes nos devolvieron nuestra victoria en la Eurocopa de fútbol, aunque con un estilo diferente. Ellos se encerraron atrás, mientras que nuestros jugones buscaron el segundo. En cuanto a los chicos del balonmano, ¡qué huevos tienen! Perdonad la expresión, pero no se me ocurre otra para calificar a este grupo, que callaron las bocas de quienes no creían en ellos.

Y acabaron los Juegos con el mejor broche posible, una espléndida final entre Estados Unidos y España. La final soñada, el resultado esperado pero con no el merecido. La ÑBA plantó cara y mereció ganar, pero con el equipo que habían traído los estadounidenses, hubiese sido un escándalo para el baloncesto mundial, y no era plan. Por eso les permitían dar tantos pasos sin botar el balón.

Lo que tampoco me gustó fue que todo el mundo considerara que no fue una medalla de plata, sino de oro blanco. De eso nada. Tuvimos el partido muy cerca y perdimos, porque las estrellas de la NBA tiran del carro y no les tiembla el pulso a la hora de encestar. Las lágrimas de Navarro reflejan la realidad. Lo tuvimos tan cerca que casi ganamos. Pero perdimos. Ahora bien, a esta generación le queda cuerda para rato, que nadie piense que habrá desbandada.

Y colorín colorado, los Juegos de Pekín se han acabado. Pasarán a la historia por ver a Phelps convertirse en el hombre-pez, a Bolt batir dos récords y dejar enanos a quien corre a su lado, a Yelena Isinbayeva volar hasta el cielo y a Rafa Nadal relevar al mejor tenista de la historia. De entre las cuatro estrellas de estos Juegos, uno es español. Gracias a todos por brindarnos 16 días de espectáculo y quitarnos horas de sueño. Estáis perdonados.

“La vida es una mierda”

Ayer, el taekwondista español Juan Antonio Ramos declaró nada más perder la medalla de bronce en la categoría de hasta 58 kilos: “Dos Olimpiadas, dos fracasos. De los quintos puestos no se acuerda nadie, nadie. La vida es una mierda”. Estas palabras, que ya son duras de por sí, se recrudecieron con el accidente aéreo de Barajas. Seguro que Ramos comprendió que exageraba en su reacción. Porque exageraba, y mucho. Vale que aspires a ganar el oro, pero no puedes tomarte así la derrota. Y si no, ahí está Marta Domínguez. La palentina, cuando estaba a 200 metros de ganar la medalla de bronce en los 3.000 obstáculos, tropezó, se cayó y lo asimiló con una sonrisa. Son las cosas de la vida, que no es una mierda.

Pero la frase que da título a esta entrada seguro que la han aplicado los familiares de las víctimas del accidente. Lo peor de la vida es perderla, o que la pierdan las personas que más quieres. Ellos sí que están legitimados para decir eso hoy. Es parte de la asimilación de la que tanto hablan en la televisión por encargo de los psicólogos. Yo no soy muy de psicólogos, aunque supongo que en estos casos cualquier consuelo es bueno. No sé si es necesario que sea de un profesional o no. De lo que pueden estar seguros los familiares es que 46 millones de españoles (y más en el mundo, pues la tragedia ha sido portada de los periódicos más importantes a nivel mundial) lloran con ellos y les apoyan en la distancia en metros y en la cercanía del corazón.

Lo que no entiendo es que el COI no deje a nuestros deportistas competir con crespones negros en sus equipaciones. No molestan a nadie, y sí recuerdan a muchos. A pesar de la prohibición, nuestros atletas no lo han dudado y han querido recordar a los fallecidos con un crespón negro en sus camisetas. Hoy, la victoria de la selección española de fútbol ante Dinamarca, el quinto puesto de María Vasco en marcha, la medalla de oro de Fernando Echávarri y Antón Paz en Tornado, el pase para la final en hockey hierba después de una épica remontada… todo esto es lo de menos. Pero todos, sin excepción, han querido recordar a las víctimas, apoyar a los familiares y dedicar sus pequeños triunfos en sus vidas a aquellos que la acaban de perder.

Bolt se lo tomó en serio

El resfriado que arrastro desde hace unos días, y que hoy se ha acentuado, ha provocado que hoy me haya levantado con una pizca de mal humor. Y todo me hacía indicar que Usain Bolt me enfadaría aún más, porque pensaba que se conformaría con la medalla de oro, que no intentaría batir la marca de 19.32 de Michael Johnson en los 200 metros. Imaginaba que se acabaría frenando, igual que hizo en los 100, para intentar batir el récord en una ocasión con mayor compensación económica.

Pero me equivoqué. Usain Bolt por fin comprendió la grandeza de batir un mítico récord en unos Juegos Olímpicos. Entre otras cosas, porque el de Michael Johnson estaba instaurado desde Atlanta 96. Aquella marca llegó a considerarse imbatible. Los expertos pensaban que tendrían que pasar 50 años para rebajar aquel récord. Pues no. La figura de estos Juegos (junto a Michael Phelps) se tomó en serio la carrera y luchó por batir los 19.32. Doce años después, este jamaicano ha conseguido rebajar en dos centésimas el crono de Michael Johnson. Ha sido magnífico. Gracias Bolt, por correr en serio esta vez.

Pero el mal humor ha vuelto rápidamente a mi interior, debido a que el accidente aéreo de Barajas se ha acabado convirtiendo en tragedia, en catástrofe. A esta hora todavía no se sabe cuántas víctimas mortales hay con exactitud. Unos medios dicen que cincuenta, otros que supera la centena. En cualquier caso, vuelve a mí la pregunta que siempre me hago en estos casos: ¿por qué cojones pasan estas cosas? España está de luto.

Triatletas

El mejor triatleta del mundo se llama Francisco Javier Gómez Noya y es español. Nacido en Basilea, donde sus padres tuvieron que emigrar en aquella época, pero con sangre española, de El Ferrol. Este chaval de 25 años ha dedicado toda su vida para llegar a ser el deportista más completo del momento. Y con esta vitola llegaba a los Juegos Olímpicos de Pekín, por lo que él mismo reconocía que “el objetivo no es una medalla, sino el oro”.

Así que esta presea era una de las que teníamos seguras. E incluso, podrían ser dos, porque Iván Raña, que fue número uno hace unos años, llegaba en un buen momento de forma. Al final, el favorito Gómez Noya quedó cuarto y Raña justo detrás de él. Un fracaso, una decepción, porque si ser plata o bronce no nos dejaría satisfechos, imaginaos lo que ha sido caerse del podio. Gómez Noya reconoció que tuvo problemas estomacales, y ello le impidió lanzar un fuerte ataque en el último tramo a pie. Ha sido una lástima.

El triatlón consta de un kilómetro y medio nadando, 40 km en bicicleta y 10 km corriendo. Es decir, los triatletas desempeñan su actividad por mar, tierra y aire, si consideramos que una bicicleta puede llegar a volar. O lo que es lo mismo, determina quién es el deportista más completo, aquel que se defiende en todos los terrenos. Sin embargo, en España sólo nos acordamos de ellos cuando ganan un Mundial (y les damos poca bola) o cuando llegan los Juegos Olímpicos. Y encima, si no ganan, nos enfadamos con ellos. Qué injustos somos.

Nadal, ¡esa máquina!

Domingo de agosto. Domingo de puente para muchos. Y domingo de dormir poco. Al que se le ocurriera transnochar anoche (como a mí) hoy se le tiene que haber hecho eterno el día. Pero ha merecido la pena. Cuatro medallas más para España. En un día hemos conseguido una presea más que en los ocho días anteriores de competición. Así somos los españoles, de la pobreza a la euforia en un par de minutos.

Tenemos la obligación de dar la enhorabuena a los medallistas de hoy: Vivi Ruano y Anabel Medina, que han logrado la plata en el dobles femenino; Gervasio Deferr, que realizó un ejercicio de oro en suelo, pero que tuvo que conformarse con la plata; Iker Martínez y Xabi Fernández, que todavía están a la espera de saber si son oro o plata; y sobre todo, Rafa Nadal, el número uno del tenis mundial que también lo es del tenis olímpico. ¡Qué máquina!

Llegó cansado, dubitativo, pero ha salido sonriente y ganador. Las dos semanas en la Villa Olímpica le han servido para darse cuenta de lo que representa en el mundo del deporte. Que todos los deportistas de España y del resto del mundo tuvieran al mismo nivel el objetivo de lograr una medalla como el de hacerse una foto con Rafa Nadal deja muy claro que es un icono del deporte mundial. Además, en las entrevistas que publica MARCA durante los Juegos, cuando se les pregunta a los deportistas cuál es el récord que les gustaría tener en su poder, la mayoría contesta: ser el número uno del tenis durante más semanas.

Rafa ha devuelto al tenis a lo más alto en nuestro país. Pero también en el mundo entero. Ha conquistado para siempre el corazón de los parisinos, de los ingleses y de los norteamericanos. Porque los partidos de Nadal son muy seguidos en EE.UU., y ante la ausencia de un tenista yankee que sobresalga, todos apoyan a nuestro Rafa. Incluso Michael Phelps, el mejor deportista en la historia de los Juegos Olímpicos, ha declarado que uno de los mejores momentos de su estancia en la Villa Olímpica fue la foto que se hizo con Nadal.

Rafa Nadal es una máquina de jugar al tenis y de saber estar en el lugar que le corresponde. Sólo tiene 22 años, así que ojalá nos dure muchos años. Si sigue así, se convertirá en el mejor deportista español de todos los tiempos. De momento, yo puedo decir que he visto a Nadal ganar cuatro Roland Garros, un Wimbledon y una medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Rafa, ¡esa máquina!, suma y sigue.

No hay puentes

Es curioso cómo la gente se sorprende cuando le dices que no te vas de puente, que tienes que trabajar. “Pero si es fiesta”, me dicen. Y yo les contesto: “El periódico sale todos los días, no hay fiestas que valgan”. Este puente de agosto lo viviré en mis propias carnes. Cuando más de media España esté en las playas tomando el sol, yo seguiré al cobijo del aire acondicionado de la redacción.

Es lo que hay. El mundo del periodismo y la comunicación no descansa. Todos los días hay periódicos, a todas horas hay programas en la radio y siempre que enciendes la tele hay alguien al otro lado. Así que cuando uno decide meterse en estas lides, sabe que no podrá elegir horarios. Ni tan siquiera los días libres, porque hay que ponerse de acuerdo con el resto de compañeros.

Como no me queda otra, tendré que pasar el puente metido en la redacción de MARCA. Aunque si soy sincero, no me desagrada mucho la idea, porque con el ritmo que hemos llevado durante las fiestas de Pinto, un poco de estabilidad y descanso no me vendrá mal. Espero, por lo menos, que sea un fin de semana fructífero para los españoles en los Juegos, porque conseguimos dos medallas en los dos primeros días y parece que ya nos hemos plantado.

Hoy no ha habido medalla

Entre el trabajo y las fiestas de Pinto, me queda poco tiempo para escribir. Por fin me he quitado un poco del sueño que acumulaba, y he encontrado un hueco para actualizar.

Ya llevamos tres días de competición de los Juegos Olímpicos, en los que hemos logrado dos medallas. Un oro y un bronce. Un oro que se podía esperar, aunque con otros protagonistas, y un bronce que llega sin preverlo. Ya nos estábamos acostumbrando a tener una medalla al día, pero al tercer día se cortó el chorro. La judoka Isabel Fernández no pudo subirse al podio como sí hizo en los dos últimos Juegos.

Como nos estamos acostumbrando mal, la noticia ya no es lograr una medalla, sino lo contrario. A cambio, hoy nos llega un positivo por dopaje. Otra vez en ciclismo, aunque esta vez en el equipo femenino. La ciclista en cuestión, Maribel Moreno, huyó de Pekín aludiendo una crisis de ansiedad. Ahora se descubre que iba con EPO en el cuerpo. Menos mal que no logró ninguna medalla, porque nos podía haber metido en un lío mayor.

Sobre la medalla de bronce que consiguió ayer Abajo en esgrima, yo me pregunto: ¿cómo empieza uno a practicar ese deporte? Él dice que fueron sus padres los que le aficionaron a ese deporte. Unos apuntan a sus hijos a fútbol, otros a tenis, otros a balonmano… y también los hay que les dan la espada de partir la tarta en el banquete de la primera comunión y los mandan al esgrima. Hay gente pa to.

Y llegó el día ‘D’

El ocho del mes ocho del año dos mil ocho. A las ocho y ocho minutos (hora pekinesa), para más señas. El día ‘D’. ‘D’ de Deporte. Con mayúsculas. Porque los Juegos Olímpicos es el hito deportivo por excelencia. Por todo lo que conllevan, sólo se pueden organizar cada cuatro años. Y lo normal es que no decepcionen. Porque allí van los mejores deportistas del momento para batir récords e impresionar al mundo. Todos los deportes en una misma ciudad. Bueno, no todos los deportes son olímpicos, pero los que faltan son minoría. La llama del deporte se enciende hoy y no se apagará hasta el día 24.

De momento, hoy ya hemos disfrutado con la ceremonia inaugural. Un gran espectáculo. Les ha quedado muy bonita a los chinos. Han unido la tecnología con la ingente mano de obra humana (que de eso van sobrados) para demostrar al mundo que quieren formar parte de él, a pesar de las restricciones de su propio gobierno. Es increíble la gran precisión de todos los movimientos que han tenido los chinos. ¿Cuánto tiempo habrán ensayado esta ceremonia? Los que no habían ensayado el desfile eran los españoles, y la improvisación les ha llevado a dar la nota con su naturalidad.

Y a partir de mañana comienza lo bueno. La competición, el esfuerzo, el sudor, la victoria, la medalla. El oro. A eso sólo llegarán unos elegidos. La mayoría se conformará con haber llegado hasta Pekín. Y la mayoría de 11.400 deportistas son muchos. Ellos son los que hacen bueno el lema: ‘Lo importante es participar’.

Ese gran número de deportistas conviven estos días en la Villa Olímpica. ¡Qué envidia! No me imagino cómo puede ser una mini-ciudad, cuyos convecinos son todos deportistas. Confraternización. Ése es el espíritu olímpico.

Ahora bien, somos el undécimo país en cuanto a número de representantes. Es decir, somos una potencia. Y por eso debemos batir el número de medallas de Barcelona 92. De eso hace ya dieciséis años, y desde entonces, el deporte español ha crecido el logros y en calidad. Así que ya es hora de superar las 22 medallas. Yo apuesto por ello.

Espero dedicar numerosas entradas a nuestros medallistas. Hasta el día 24, los Juegos Olímpicos serán los protagonistas del deporte. La previa de la Champions y la Supercopa de España se colarán por una rendija en la mansión del deporte, que desde hoy, se engalana para recibir a todos los visitantes del mundo.