Veintidós jornadas ha aguantado el Barça sin perder un partido de Liga. Casi seis meses de competición, más de una vuelta sin un mal paso, sin una salida de pista. La primera ha tardado en llegar y fue en la misma curva de los últimos años, el Vicente Calderón.
El Atleti volvió a hacer gala de la etiqueta de equipo animador y bien que habrá que agradecérselo por la buena salud de la emoción liguera. Reyes, quizá motivado por su pasado madridista, fue el mejor de los rojiblancos. Su jugada y posterior pase en el gol de Forlán demuestran que este futbolista tiene más talento del que exhibe. Agüero, Simao, Tiago y la defensa también se pusieron de acuerdo para mostrar su cara buena.
El Barça no acusó tanto las bajas en defensa como podía esperarse. Pero se aprecia un peligroso bajón físico en los hombres de Guardiola. Siguen siendo los mejores, pues van primeros, pero ya no juegan como antes ni son tan fuertes. Las lesiones musculares se expanden como una epidemia que parece no tener límites. Keita y Xavi también cayeron en el Calderón. Quizá la razón haya que buscarla en el recuperador físico que el Barcelona despidió este verano…
El Madrid se queda a dos puntos y la clasificación, a mitad de carrera, queda más emocionante que nunca gracias a la primera salida de pista del Barça en su curva maldita.




Pero hoy no hay interés personal, simplemente solidaridad con mis amigos atléticos, con esa gran afición que llena su estadio y no para de animar a sus jugadores. Si hasta en la camiseta rojiblanca está escrita la leyenda ‘Bendita afición’. Así que los madridistas no podemos ir contra esa buena gente. Primero, porque es un equipo español que se juega entrar en la Champions, y segundo, porque se lo merecen después de diez años sin pisar en la máxima competición continental y tras haber pasado un par de años en el infierno de Segunda división.
Yo le propongo un nombre a Calderón. Sería un bombazo, relativamente barato y con una gran proyección de futuro. Se trata del Kun Agüero. Sorprendente, ¿verdad? Pues resulta que el argentino, que acaba de proclamarse campeón olímpico con su selección, tiene una cláusula de rescisión más bien baja para los tiempos que corren: 55 millones de euros. Si el Madrid es capaz de sacar 40 millones por Robinho, sólo habría que poner 15 más.