No nos esforzamos mucho, pero tampoco fue necesario. España ganó en Francia 42 años después, con sólo unas pequeñas gotas de esa esencia del toque sobre la que ha construido su imperio. Somos muy superiores al resto y cómo sea la gestión de esa calidad definirá si cumplimos el sueño de nuestra vida futbolística.
Como Francia, nuestros rivales en el Mundial intentarán presionar durante los primeros 20 minutos. Luego desistirán para dejarnos el balón y habrá que abrir los muros. En París, se encargaron de ello entre Iniesta, Silva y Villa (¡y que el Real Madrid pagara 35 millones por Benzema y no 45 por el Guaje…!).
Cuando España consigue ponerse por delante en el marcador, su único rival es la relajación. En Saint-Denis hubo ratos de distracciones y fallos que no se pueden tolerar en una fase final. De hecho, Del Bosque dijo nada más acabar el partido: “Ha habido cosas buenas, pero también malas”.
La excusa que tienen los jugadores era el resultado y la insultante superioridad en el juego. Por eso decidieron dedicarse a las florituras y a pensar en sus equipos, pues en los próximos 80 días se juegan la temporada. Si hubiera sido un partido de Mundial, seguro que se habrían exprimido más y Francia habría resultado humillada.
Mientras intentamos combatir el mono de Mundial, habrá que quedarse con las perlas positivas: la pólvora de Villa, la exquisitez de Silva, el bólido de Navas y la seguridad defensiva fueron lo más destacado en el día que el Imperio del toque tomó París y fue despedido entre vítores de “olé, olé”.

Casillas jugará mañana su partido número 100 con la Selección española, frente a la Argentina de Maradona. Pronto superará a Raúl (102) y a no mucho tardar a Zubizarreta (126). Cuando eso ocurra, a todo el mundo le gustará que Iker se convierta en el jugador con más partidos de España.
“Años 80″. Es lo primero que he pensado cuando he visto la equipación de la Selección española para el Mundial 2010. Un rojo más vivo, un azul más claro y la camiseta de Casillas recordando la de Arconada. Me gusta más que la que llevamos a Sudáfrica para la Confederaciones. Pero me sigo quedando con la que nos dio la gloria en Viena. Si la nueva camiseta quiere entrar en la historia, deberá venir con una bola del mundo dorada de vuelta a España. 

