El pasado domingo asistimos a un precedente peligroso. El árbitro Pérez Burrull se tragó un clarísimo penalti de Marchena (antes tampoco había visto uno de Banega a Reyes) y dejó seguir el juego durante 20 segundos. Hasta que no pudo aguantar la presión del público y el empujón de Assunçao.
El colegiado acabó acertando al pedirle consejo al cuarto árbitro, pero el problema es cómo llega el acierto. Si la grada no hubiera gritado con tanta virulencia y Assunçao no lo hubiera frenado, Pérez Burrull jamás habría señalado penalti. Por eso, a partir de ahora, las aficiones protestarán hasta lo que no sea, porque saben que los árbitros son influenciables desde la tribuna. Y si nos quejábamos de que los jugadores colaboraban poco con la tarea de los trencillas, menos lo harán ahora, pues han visto cómo basta con empujar al árbitro para que les haga caso.
La solución no es la nevera. Pérez Burrull se pasará un mes suspendido de empleo y sueldo, medida que no fomentará su profesionalidad. Los árbitros se vendieron a la Federación por cobrar algo más y dejaron de ser un organismo independiente. Ahora pagan las consecuencias de un mundo movido por el amiguismo, en el que la calidad no importa.
Lo del domingo fue un ejemplo más de la necesidad de introducir la tecnología en el mundo del fútbol. La prueba del quinto árbitro de la UEFA tampoco está funcionando (penalti no pitado por mano de Perea en el Galatasaray-Atlético). Con el ojo de halcón versión fútbol, ni jugadores ni aficiones podrían pitar penaltis. Sólo el árbitro, y con el vídeo como prueba irrefutable.


Por cierto, este fin de semana tenemos Fórmula 1 en Valencia. Sería muy bueno que Fernando Alonso firmase una gran actuación. El gran circo está perdiendo tirón en nuestro país con los malos resultados que está teniendo el español este año. Seguro que el próximo, con el asturiano en Ferrari, vuelve la expectación. De momento, este año ya se han vendido 30.000 entradas menos que en 2008 para la carrera de Valencia. A ver si, por lo menos, Alonso hace un buen puesto, que ya toca este año… 

Según la
Hay que rellenar seis páginas con el partido. Dos de crónicas y fotos, dos con las reacciones de los protagonistas, y otras dos con temas derivados del partido. Vamos. Llama el enviado especial a Valencia. Mandará la crónica en unos minutos. Llegan los de maquetación para ver cómo quieren las páginas. Así, así y así. OK. Llega la crónica. Uno se encarga de meterla, cortarla y titularla. Me llegan las primeras páginas. Corrijo y palante.